El movimiento telúrico del 16 de abril dejó varias lecciones sobre métodos y materiales de construcción. Así como miles de edificaciones resultaron afectadas por el sismo, otras en cambio, siguieron de pie y sin fallas estructurales, como si el terremoto se hubiera olvidado de que ellas también estaban en la zona de desastre.

 

En Canoa, por ejemplo, dos estructuras hoteleras sobrevivieron al terremoto sin mayores complicaciones. Se trata del Hostal Amalur, ubicado en el centro del pueblo, y del Canoa Beach Hotel, que se localiza en las afueras. Coincidencialmente, los propietarios de ambas estructuras son extranjeros.

 

 

Sobreviviente

Lorena Rojo y su esposo, ambos de nacionalidad española, son los propietarios del Hostal Amalur, un terreno de aproximadamente 500 m2 compuesto de dos edificios. Lorena cuenta que en Canoa el 85% de las edificaciones ya no existen. “Las que no se cayeron han sido derrocadas con maquinaria porque representaban un peligro para las estructuras que sí soportaron el movimiento telúrico”.

 

En esta playa, que gozaba de popularidad por la gran afluencia de turistas nacionales y extranjeros, el paisaje es otro. Canoa luce desolada, sin movimiento. Diagonal al Hostal Amalur se encontraba el hotel Royal Pacific, un edificio de cinco pisos. Hoy, lo que queda es un terreno baldío con el agujero de la piscina, que está lleno de agua empozada y escombros.

 

La dueña del Hostal Amalur explica que en la localidad había construcciones más nuevas que la suya, pero que no lograron resistir al sismo y colapsaron. “Todo lo que tenía más de tres pisos se ha venido abajo. No se si sea un problema de construcción, demasiado aforo o falta de control por parte de las autoridades. Creo que es un poco de todo”, afirma.

 

Los planos y las estructuras del edificio hotelero fueron hechos por un ingeniero de Manta y un equipo de arquitectos recién graduados, cuenta Lorena. “El maestro constructor fue del pueblo de San Vicente; sin embargo, todo el equipo se encargó de seguir los planos de forma estricta. La base de los edificios fue lo que más se demoró en construir”, cuenta la dueña del hotel. Fueron casi dos meses.

 

De hecho, el ‘secreto’ de que la primera estructura no haya sufrido ningún daño está en sus cimientos, que tienen más de dos metros de profundidad y llegan hasta la capa freática del suelo. Está construida con cemento, hormigón y hierro. A esto se suma una eficiente técnica constructiva.

 

 

La estructura del Hostal Amalur está equipada con un sistema sismorresistente desde su base: “es como una pared enclavada en la tierra alrededor de los cimientos, que bordea toda la estructura. Fue importante considerar el ancho de las columnas y la separación que debía haber entre ellas. Para eso, la asesoría del equipo profesional fue esencial. En la compra de materiales tuvimos apoyo del maestro y los productos tuvimos que traerlos desde Bahía o San Vicente”, dice Lorena.

 

El segundo edificio del Amalur es de construcción mixta. Las bases y el primer piso están compuestas de hormigón y ladrillo, mientras que -en la segunda planta- el piso es de madera, las paredes son de caña enlucida y el techo es de caña recubierta con fibrocemento.

 

La sinergia entre los planos, la construcción y los materiales ocupados en la edificación del Hostal Amalur fueron los responsables de que la estructura no sufra ningún daño. Los huéspedes que ocupaban las ocho habitaciones y los mini departamentos durante el terremoto salieron ilesos, gracias a las características de la obra.

 

 

Materiales locales

Otro superviviente fue el Canoa Beach Hotel, ubicado a pocos minutos del centro de Canoa. Greg Gilliam, estadounidense, fue el diseñador y constructor del establecimiento. Se encargó de hacer los planos y de verificar que los obreros lo construyan de acuerdo al diseño inicial.

 

 

El hotel, que tiene una capacidad para 70 personas aproximadamente, tuvo daños menores de mampostería, pero -en general- salió bien librado del terremoto. Greg cuenta que durante el terremoto, las tejas del techo cayeron y el agua de la piscina se desbordó. “El movimiento era muy parecido al de una ola. Cuando dejó de moverse, ya no teníamos luz”, menciona.

 

Aunque conmovido por la pérdida de vidas humanas, el dueño del Canoa Beach Hotel explica que el sismo es un laboratorio para evaluar y mejorar los programas de ingeniería con los que se construye en Ecuador. “Es una oportunidad para aprender y enseñar a la población, ingenieros y constructores a levantar estructuras con estudios y técnicas adecuadas”.

 

Cuando le preguntan cuál fue la razón para que la estructura no sufriera ningún daño grave, Greg responde que “el sistema no es nada de otro mundo. Lo que hice fue usar la técnica apropiada y aprovechar los materiales de la zona”.

 

Para la construcción del Canoa Beach Hotel, destaca su dueño, se utilizó hormigón de excelente calidad. El hierro, apenas llegó al lugar, fue pintado con anticorrosivo para evitar que se oxide. También se usó impermeabilizantes, pues el hormigón es permeable y eso provoca riesgo de que la salitre, fenómeno común en las zonas costeras y que afecta la calidad de las columnas y varillas.

 

Pero hay un material que se destaca en la estructura. “El bambú es maravilloso. Todas las uniones de las estructuras como el techo y la fachada del hotel están elaboradas de este material. Las juntas están hechas con tarugos de madera que no se oxidan y están amarrados con ‘nylon’ de la misma calidad que el que usan los atuneros. Este último material aisla la humedad y es flexible. La estructura no tiene ni clavos ni tornillos”.

 

 

Los daños más importantes fueron pérdidas de aire acondicionado, calefones y un par de tuberías que se quebraron. Sin embargo, la estructura resistió el sismo sin ningún inconveniente.

 

De hecho, Greg cuenta que una vez que el sismo pasó, se analizaron las columnas una por una. “A veces, cuando la pared tiene una longitud significativa, el enlucido no se afecta, pero por detrás la columna puede estar fracturada. Por eso, sacamos el enlucido para revisarlas y nos encontramos con que todo estaba bien. No había fallas estructurales”, dice orgulloso el dueño.

 

 

Más control

Lorena dice que, en un inicio, hicieron falta equipos para las labores de rescate. No obstante, los derrocamientos y el retiro de escombros ha sido eficaz. “A las cuatro semanas todos los escombros estaban levantados. Incluso, en el centro del pueblo -a los cinco días- ya teníamos luz eléctrica”, cuenta.

 

Construir con seguridades es importante, dice, porque son edificaciones que reciben cientos de personas todos los meses. “Los turistas son nuestra responsabilidad. Si construyes sin respaldo profesional, lo más lógico es que existan errores. Un hotelero no sabe cuanto peso soporta un piso o una columna; no es lo mismo construir con bloque que con ladrillo, por lo que importante que los municipios controlen. En el caso de Canoa existían edificios de cinco pisos con columnas diminutas, razón por la que ha fallecido mucha gente”, asegura. 

 

 

Puente Los Caras - Bahía de Caráquez

 

El comportamiento de la estructura del puente Los Caras, durante el terremoto, ha llamado la atención de ingenieros y arquitectos de todo el país, pues no sufrió ninguna afectación, pese a su tamaño.

 

Marcelo Romo, miembro del Cuerpo de Ingenieros del Ejército y quien dirigió el diseño y remodelación de la estructura, dice que esto se debe a 160 aisladores sísimicos instalados en las bases del puente, que se encuentran entre el agua y la vía de circulación.

 

La clave de la resistencia de Los Caras está en el diseño. “El puente estuvo sometido a aceleraciones pico en el suelo superiores al 35% de la gravedad. Una estructura de diseño convencional habría colapsado”, aseguró el experto. Esto, sumado a los aisladores instalados, fueron cruciales para que el puente no sufriera daños, permitiendo así el transporte de voluntarios y rescatistas hacia las zonas más afectadas.








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