Como parte de la renovación del Trolebús y para mejorar los índices de calidad del sistema, la Alcaldía de Quito compró una flota de 80 unidades biarticuladas. Cada uno de estos nuevos buses tiene 27 metros de longitud y puede movilizar a 250 pasajeros que, en la práctica, es casi el doble de capacidad que los antiguos Troles.

 

Debido a su longitud, los biarticulados requerían que las estaciones del Trole se amplíen. De allí que el Alcalde Mauricio Rodas dispuso la modernización y ampliación total de las 44 paradas del corredor central del sistema de transporte metropolitano de Quito.

 

Esta intervención, ejecutada por la Empresa Metropolitana de Obras Públicas (Epmmop), beneficiará a más de 275.000 quiteños al día y también será una oportunidad para cambiar la experiencia del usuario del transporte público. El objetivo es que con el Trole repotenciado, la Ecovía ampliada, el Metro de Quito y los Quito Cables, se incentive a los ciudadanos a reemplazar sus automóviles por nuevas alternativas de movilización.

 

La estaciones, que van desde la parada Cóndor Ñan (en el sur) hasta la Y (en la zona norte), mostrarán una cara moderna de Quito y embellecerán 17,8 km de su paisaje urbano. En menos de un año, el 85% de ellas ya se encuentran listas; las restantes están en proceso de entrega-recepción.

 

El proyecto se desarrolló a través de cuatro fases de ejecución, que abarcan 11 estaciones en cada una, y con una inversión total de USD 13 millones. En la construcción participaron cuatro firmas: Planman, Consultores Vera & Asociados, Patec C.A. y Bueno y Castro Asociados.

 

 

Proceso constructivo

 

Las 44 estaciones se adaptan a los 27 metros de longitud que tienen los biarticulados. No obstante, no todas las estaciones son iguales; se clasifican en tres tipos: de tres, cinco y ocho puertas. Los diseños se realizaron considerando las demandas futuras de pasajeros y las condiciones topográficas del entorno urbanístico.

 

El inicio de la primera fase arrancó el 5 de octubre del año pasado, en las estaciones Amaru Ñan y Cóndor Ñan al sur; y Mariana de Jesús y El Florón en el norte. El paso inicial fue derrocar las plataformas existentes y verificar que la capacidad del suelo cumpla con los requerimientos de resistencia para luego construir sobre este terreno rampas de acceso. Posterior a la obra civil, se montó la cabina: una estructura metálica vista y la cubierta, conformada por varias capas que sellan herméticamente a la parada de bus.

 

Las paredes son mamparas de vidrio templado, muy similares a cajas de cristal. “Creímos que debían ser transparentes, bajo un esquema de una caja luz, para que exista visualización de afuera hacia adentro y viceversa”, dice Alejandro Larrea, gerente de la Epmmop. Cámaras de vigilancia y un sistema de iluminación controlado desde un tablero son dispositivos que se suman, con el objetivo de disminuir la dinámica de inseguridad que se ha presentado en la ciudad.

 

El mobiliario fue adaptado para personas con discapacidad. Esto incluye rampas inclusivas de acceso, pisos con acabados porosos de hormigón con guías podotáctiles de fibra de carbono y sistema Braille. Según Larrea, esta transformación supone ofrecer medios de transporte más inclusivos, que garanticen un uso equitativo de espacios públicos.

 

Más allá de embarcar y desembarcar 400 pasajeros cada tres minutos, las nuevas estaciones del Trolebús se han convertido en grandes jardines para la ciudad, dándole un toque ecológico. Cuentan con cubiertas verdes de 25, 50 y 80 metros de largo por tres de ancho.

 

Esta obra, junto a otros proyectos que la actual Alcaldía impulsa para renovar el sistema de transporte público, va a brindar a los quiteños la oportunidad de viajar cómodos, seguros y sin esperar largos periodos de tiempo. Esto se traduce en modernidad y desarrollo permanente.

 








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