Tras recibir el premio como Aeropuerto Líder en Sudamérica, Quiport —empresa a cargo de la gestión integral del Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre— se propuso levantar un hotel del mismo nivel sobre la zona occidental de la terminal aérea, en Tababela.

 

Para el desarrollo de este proyecto, Quiport buscó un socio estratégico con el que pueda trabajar coordinadamente y que cumpla con requerimientos muy específicos a nivel constructivo. Pronobis, del Consorcio Nobis y liderado por la reconocida empresaria Isabel Noboa Pontón, fue la seleccionada. 

 

Diseño y construcción
Hace 15 meses, se inició la construcción del Wyndham Quito Airport. El pasado 22 de febrero se inauguró, tiempo récord para una obra de esta magnitud. El complejo hotelero se levanta sobre un lote de 22.000 m² de superficie y cuenta con un sótano de 3.000m² y15.000 m² de construcción sobre rasante. El diseño es creación de un grupo arquitectónico peruano, que se inspiró en el ave insigne de Ecuador: un cóndor en vuelo. Este elemento será memorable para los viajeros que aterricen en Quito, ya que es visible desde el aire. No obstante, esta interpretación estética queda a discreción de cada persona. Para Marco Antonio Ruiz, CEO de Pronobis, más que un cóndor, esta silueta estructural se asemeja a un “avión súper moderno, que desplega su alas al descender y topar tierra”.
 

 

La fachada futurista del Wyndham se logra gracias al alucobond: dos láminas de aluminio exteriores y un núcleo central de polietileno. Este material negro mate le provee de un aspecto sobrio y majestuoso. Debajo de la estructura flotante se encuentran lujosos espacios sociales y cómodas habitaciones, pensadas para el pleno descanso de viajeros que vienen por negocios y personal de aerolíneas que solo están de paso por la ciudad. El por qué las alas del ave dan hacia el aeropuerto tiene dos razones específicas: proteger a los huéspedes del sonido y la polución causada por las aeronaves. La fachada frontal, es decir, la silueta trasera de las alas, es más convencional en su diseño. Esto fue necesario para dar lugar a la ventanería por donde entra luz natural y aprovechar el paisaje verde del valle. Las áreas públicas del hotel se encuentran en esta parte del complejo hotelero, por eso, cuando los visitantes entran al ‘lobby’, podrán disfrutar de esta vista privilegiada a través de un enorme volumen de vidrio. 

 

En el ala izquierda se ubica el Business Center con salas de oficinas de seis a 400 personas; mientras en el ala derecha se encuentra un bar tipo ejecutivo, que se convierte en un restaurante. En los tres pisos superiores, que se conectan con las áreas públicas a través de tres elevadores, están las 150 habitaciones (Standard, Junior Suite, Grand Suite y Presidencial). En una segunda fase, se proyecta una ampliación de 100 adicionales, las cuales están contempladas en planos.
El cuartopiso dispone de todas las instalaciones y servicios propios de un establecimiento cinco estrellas tales como sauna, baños, turcos y gimnasio. 

 

Inversión
Durante un año y medio de trabajo se presentaron varios desafíos en la obra. Para el presidente ejecutivo de Pronobis el más difícil fue el cambio arancelario de las importaciones, lo que encareció tremendamente la construcción. Tras esta medida, el ‘staff’ del proyecto ajustó el presupuesto inicial y buscó la forma para que el cronograma de entrega se mantenga como lo acordado. No obstante, el proyecto Wyndham generó una inversión de alrededor de USD 18 de millones y durante el periodo pico de la construcción se contrató un promedio de 500 operarios al día. A lo largo de los 15 meses hubo 2.500 trabajadores directos y 8.750 indirectos debido al intenso trabajo que se requirió para cumplir los plazos. Si se compara la edificación del Wyndham de Guayaquil con el de Quito, se verificará que el de costa tomó el doble de tiempo. 

 

 

Otro de los grandes desafíos fue encontrar materiales y acabados de construcción tan específicos como ventanas acústicas (sánduche de doble vidrio) o estructuras con características reverberantes; sin embargo, gracias a un trabajo especializado, estos requerimientos se cumplieron. 

 

Sistema constructivo ecológico
Marco Antonio Ruiz, CEO de Pronobis, asegura que el aeropuerto de Quito “fue muy progresista al adoptar un prototipo de desarrollo urbano avanzado”. El Mariscal Sucre es el único en América del Sur (además del de Galápagos) que cuenta con un ‘Certificado de huella de carbono’, según cuenta el gerente de Ambiente de Quiport. Pronobis tuvo que replicar estas prácticas durante la ejecución de la obra. Una de ellas fue la construcción de una planta de tratamiento de agua. El líquido vital no sale al río directamente, sino que pasa por un filtro, donde mediante un tratamiento químico biológico, es descontaminado. Finalmente, ingresa a tanques para clarificarlo, entonces se descarga al río aledaño Santa Rosa. 

 

 

El uso de materiales también se lo hizo pensando en el cuidado del medioambiente. Uno de los predominantes fue el aluminio, que es 100% reciclable. Igualmente, se manejó con mucho cuidado el de desecho de desperdicios constructivos. El Wyndham Quito Airport es una obra arquitectónica emblemática para la ciudad, que apunta a un mercado ejecutivo de nivel sofisticado y que no se enfoca -únicamente- en el lujo, sino en la comodidad máxima. Desde el 1 de marzo está abierto al público. 





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