La comuna Chigüilpe, que forma parte del territorio de la nacionalidad Tsáchila, desarrolla un proceso de cambios de su infraestructura. Los nativos aprovechan estas iniciativas para poner en práctica sus conocimientos ancestrales arquitectónicos.

Albertina Calazacón, experta tsáchila y líder de este proyecto, explicó que tras 50 años decidieron desmontar cabañas que ya habían cumplido su vida útil. Es el tiempo que en la etnia consideran prudente para mantener en pie una infraestructura ancestral, conforme al principio de la durabilidad de los materiales de sus creencias.

Según esta cultura, los productos deben obtenerse en cuarto menguante para que puedan resistir a la humedad, lluvias y también el sol. Siguiendo estos principios, Freddy Calazacón, cada noche acude al bosque Uni-Shu para conseguir la toquilla y el pambil. De esta forma los materiales se encuentran libres de todo tipo de agentes externos como el barniz o la lija.

Desde agosto, el centro cultural Tradiantsa ha incorporado unas cinco estructuras de caña guadúa y paja toquilla como parte del plan. Por estos días se construye el tercer centro ceremonial. Es de 20 metros cuadrados de construcción y cuenta con un tumbado maderable en forma de v invertida descubierto en la parte frontal, lo que permite el ingreso de luz, incluso en las noches. La iluminación se concentra en todo el centro de la estructura y forma la figura de la luna sobre una planicie. Los lados laterales son los únicos que disponen de una suerte de caída para facilitar la fluidez del agua, en tiempo de lluvias.

Para aplicar el pambil en las columnas de las chozas se sigue otra tradición. Ellos utilizan los árboles que tiene una suerte de tallado natural. Para esto priorizan el uso de aquellos troncos que alcanzan los 100 años de existencia y los 30 metros de altura. Cada madero se corta en jornadas extensas y de varios días.

Mientras se construyen los centros, los turistas continúan llegando al centro cultural Tradiantsa. En cada visita extranjeros y nacionales conocen cómo los tsáchilas se organizan cada día para la minga que deriva en la puesta de cada pieza o accesorio. Lucía Quiñónez llegó desde Esmeraldas y se unió a la tarea. Así supo que los nativos de Santo Domingo cuentan con una gran destreza para organizar simétricamente cada sección de la paja toquilla. Una vez puesta en el techo se las observa como una de las faldas que portan los tsáchilas, pero de manera invertida.

Fuente: El Comercio

 

 








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