La casa del poliamor diseñada para una relación entre tres hombres

19 noviembre 2021
La oficina de diseño y arquitectura Common Accounts construyó la vivienda Don’t Let Me Be Lonely siguiendo las necesidades de sus ocupantes y el poliamor tuvo una repercusión directa sobre el proyecto. En 2016, Igor Bragado (Gernika, 36 años) y Miles Gertler (Toronto, 31) acababan de fundar la oficina de diseño y arquitectura Common Accounts cuando les pidieron que proyectaran su primera vivienda. Los clientes eran una pareja de chicos homosexuales que querían ampliar una cabaña con vistas a uno de los lagos del Cottage Country, una idílica región al norte de Ontario (Canadá). Imagen tomada de El país En algún momento de la pandemia, la pareja se convirtió en una relación a tres con la incorporación de otro miembro que, además de abultar, presentaba algunas peculiaridades fisiológicas a tener en cuenta. “Es alérgico perdido y no puede convivir con los gatos que viven en la cabaña principal, así que nos pidieron que hiciéramos una nueva totalmente aislada” explica Bragado. Bragado y Gertler tuvieron que rediseñar la cabaña y situarla sobre una pendiente que desciende hasta el lago, lejos de los alérgenos que flotan en la principal. Entre la alcoba y el saloncito no hay ninguna pared que aísle del todo el ambiente. “En general, tuvimos muy en cuenta que sus ocupantes tienen unas necesidades diferentes de las de aquellos otros familiares con relaciones heteronormativas que suelen alojarse en la casa principal”. Imagen tomada de  El País Esas necesidades incluían, además de una vida sexual boyante, unos hobbies interesantes para Common Accounts. La trieja es muy aficionada al fitness y a exponerse en las redes sociales. “Desde el principio nos pareció que el culto al cuerpo sería un terreno fértil sobre el que trabajar con nuestra oficina. Es un tema que está muy presente en la sociedad y la gente cada vez pasa más tiempo diseñando su yo” apunta Gertler. Lee también >> Una casa en la sombra de la montaña de Aspen Por otro lado, el hecho de que hubiera que construir la cabaña sobre una pendiente permitió separar las distintas estancias no con paredes, sino colocándolas en alturas diferentes. La cabaña se convirtió así en una concatenación de plataformas que pone en movimiento los atléticos cuerpos de sus habitantes y, como en un teatro o una discoteca, resulta perfecta para su exhibición y contemplación. Esto último, claro, no solo para su mutuo deleite, sino también para el de sus seguidores. Texto original tomado de El País.

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