¿Cómo gestionar el coste del capital en una empresa constructora?

01 diciembre 2022

La ejecución de obras de construcción necesita de una cantidad considerable de dinero para cumplir con los plazos marcados en el proyecto. Ese dinero -según se trate de financiación de terceros o recursos propios- tiene un coste que los empresarios necesitamos conocer para poder garantizar que ese proyecto se desarrollará según lo presupuestado.

¿Qué es el coste del capital?

Para atender sus necesidades de activos o realizar nuevas inversiones, las empresas constructoras demandan recursos. Estos pueden obtenerse mediante el endeudamiento o a través de aportaciones de capital por sus accionistas. Pues bien, el Coste Promedio Ponderado de Capital -WACC), por sus siglas en inglés- describe el promedio de los costos de financiarse mediante estas dos vías, y es un indicador muy importante para la gestión financiera de la compañía. 

Es un instrumento útil para evaluar el riesgo de asumir endeudamiento, de modo que los directivos conozcan su capacidad para responder a las obligaciones que figuran en el balance y evitar situaciones de insolvencia. A partir de su cálculo es posible tomar decisiones fundamentadas en dos campos relevantes: 

1. El de evaluación de la conveniencia o no de entrar en nuevos proyectos o inversiones. 

2. El de la determinación de la estructura financiera óptima de la empresa

¿Vamos o no a este nuevo proyecto?

El criterio asociado al WACC es claro y directo: sólo los proyectos y nuevas inversiones que tengan una rentabilidad superior a este van a producir beneficios reales a la empresa. Por lo tanto, aumentarán el valor de la compañía y la riqueza de sus accionistas. Si la rentabilidad estimada de un proyecto es inferior al WACC, no es conveniente su contratación.  

Supongamos que el balance general de Piguave Construcciones S.A. incluye USD 10 millones de capital y USD 5 millones de endeudamiento bancario. Como se ha visto, el WACC tiene dos componentes: el de los recursos propios (capital), y el de los recursos ajenos (en el caso de Piguave, la Deuda con sus banqueros). Cada uno de ellos debe ser remunerado por la empresa. La deuda de la constructora fue contraída con el Banco del Guayas, tiene un vencimiento a largo plazo y su coste es del 10%. Por su lado, el capital conlleva un reparto de beneficios, que estableceremos en un 16%. 

Los recursos ajenos se diferencian de los recursos propios en que los intereses de la deuda se pagan antes de impuestos, mientras que lo que quieren ganar los accionistas se devenga después de la Participación a Trabajadores e Impuesto sobre la Renta. Consecuentemente, para poder comparar a estos dos factores debemos analizar el coste de la deuda después de trabajadores e impuestos, lo que nos lleva a la siguiente fórmula:

Donde:

WACC: Coste Medio Ponderado del Capital

CD: Coste de la deuda, en porcentaje

T: Coste de la Participación a Trabajadores (15%) más Impuesto sobre la Renta

D: Monto de los recursos ajenos, por ejemplo, crédito bancario a largo plazo, emisión de obligaciones, etc.

CK: Rentabilidad exigida por los accionistas por “dejar” su dinero a la empresa

K: Monto de los recursos propios aportados por los accionistas

De su aplicación, puede comprobarse que el WACC de Piguave Construcciones es del 12,79%.

La alta dirección de Piguave utilizará este porcentaje como “tasa de corte” para decidir qué proyectos aceptar y cuáles no. En este caso, para invertir “adecuadamente” los 15 millones disponibles, tienen que conseguir un 12,79% de rentabilidad. Necesitan que los $15 millones produzcan cada año $1.918.500.

Optimizando la estructura del capital

Estamos ante una Estructura Financiera Óptima (EFO) cuando la compañía llega a una situación financiera de coste mínimo, lo cual supone encontrar la perfecta combinación de recursos propios y ajenos (deuda). La EFO depende de:

Las actividades que realice: según sea el tipo de proyectos que acepte, necesitará una mayor o menor proporción de fondos propios. 

Las relaciones entre rentabilidad y solvencia: una mayor proporción de fondos propios hace que aumente la solvencia de la empresa, pero, a priori, también reducirá la rentabilidad sobre los fondos propios, medida mediante el ROE. 

En el caso de Piguave, esta dispone de unos fondos propios de USD 10 millones y, supongamos, que gana los  USD 1.918.500 marcados como objetivo. Siendo así, excederá las expectativas de rentabilidad de sus accionistas.

Ahora bien, si por las razones que sea, Piguave mantiene su beneficio pero duplica sus fondos propios, entonces su ROE baja hasta el 9,59%. De este modo se evidencia que una de las variables fundamentales para buscar la EFO consiste en maximizar el ROE (rentabilidad financiera), cuyo comportamiento depende de la rentabilidad sobre la inversión (ROI), es decir, de la rentabilidad económica. 

Resumiendo, para optimizar su estructura de capital la empresa ha de monitorizar permanentemente las anteriores variables, vigilando que los indicadores sean lo más positivo posibles en relación a la estructura económica que tiene en cada momento. Una pauta que suele funcionar es la de “apuntarle” a una composición de recursos propios y ajenos que permitan generar un determinado BAIDT (Beneficio de explotación antes de intereses pero después de impuestos), de modo que siempre el ROI sea mayor que el WACC. Sin perder de vista al ROE, que también nos debe llevar hasta los valores máximos de dicho indicador. 

Así, la empresa siempre estaría creando valor económico, ya que los fondos disponibles servirán para financiar activos que ofrecen una rentabilidad superior al WACC. La rentabilidad del accionista aumentará en función de la diferencia entre el ROI y su respectivo coste -WACC-.

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