Guayaquil: el cemento determinó el futuro a partir de 1895

25 enero 2023

CAMBIANDO LA MANERA DE CONSTRUIR

El 24 de julio de 1895 se inauguró en Guayaquil uno de los símbolos más importantes de la modernidad: el servicio de energía eléctrica, que destaca Estrada Ycaza en un publicación del año 2000. Unos años más tarde, en 1904, se estableció la Empresa de Luz y Fuerza Eléctrica que en 1903 había iniciado la instalación de postes para el alumbrado público eléctrico de la ciudad, que sustituyó al antiguo de gas, y a partir de la década de 1860 había sustituido a su vez al de aceite de ballena, según detalla Ycaza Estrada.

 

El Gran Incendio de octubre de 1896 truncó muchos de los procesos de modernización que se habían iniciado años antes, por lo que hubo necesidad de repensarlos y replantear el desarrollo de la ciudad. A partir de 1897 se dio inicio a la reconstrucción, por lo que la iniciativa privada se orientó a dotar de vivienda a los miles de damnificados que quedaron, luego de esa enorme catástrofe. La prioridad era construir casas, de la manera más rápida y económica, por lo que se continuó con las mismas técnicas constructivas tradicionales y con patrones espaciales y formales que se habían heredado de la Colonia, con viviendas de una o dos plantas con estructura de madera y paredes del mismo material o de paneles de caña guadúa con o sin recubrimiento de mortero.

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El tipo de construcción era artesanal, ya que el proceso de industrialización del país era incipiente y, hasta casi fines del siglo XIX, prácticamente inexistente. Las primeras se dedicaron a la producción de ‘medios de subsistencia de consumo inmediato’, como fideos, galletas, chocolates, cerveza, entre otros, lo anota Torres Dávida en 2012, 

Poco a poco, también, fue desarrollándose una nueva industria: la de la construcción, ligada a la temprana incorporación de la tecnología en hormigón armado en 1905. Las continuas afectaciones que sufrió la ciudad a causa del fuego, que significó que se destruyera parcial, o casi totalmente, varias veces a lo largo de su historia, posibilitó la expansión del uso del cemento como material de construcción y del hormigón armado como sistema constructivo, ambos considerados los más efectivos para evitar la propagación de los incendios.

 

 

La llegada de arquitectos y técnicos europeos -sobre todo italianos- y la constitución de compañías constructoras, que incorporaron la tecnificación y el mejoramiento de los procesos constructivos, empezaron a modificar la manera tradicional de edificar. Poco a poco, los carpinteros de ribera fueron sustituidos por albañiles y los maestros mayores por arquitectos, ingenieros y técnicos especializados en hormigón armado.

Por su parte, las ordenanzas y normativas urbanas, como parte de las leyes propias o fundamentales, se orientaron tanto a establecer disposiciones que eviten la propagación del fuego, a través de la consolidación del sistema de construcción en hormigón armado en detrimento de la tradicional construcción en madera, como a regular la participación de los carpinteros y a la separación de las dos profesiones que se disputaban el campo profesional, ingenieros y arquitectos.

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Una nueva arquitectura que, además de evitar la proliferación del fuego, posibilitaba un mejor control higiénico fue rápidamente asimilada como distintivo de la modernidad. La incorporación del ascensor a partir de 1924 posibilitó que los edificios poco a poco fueran ganando altura y se modificó el perfil de la ciudad. De esta manera, Guayaquil fue cambiando su imagen de ciudad colonial edificada en madera por carpinteros de ribera a una ciudad de cemento y, en el imaginario de la época, moderna.

La poca capacidad de soporte del terreno pantanoso donde se asentó Guayaquil, luego de su ubicación definitiva en 1547, impidió que se construyeran las edificaciones en piedra o argamasa, según lo indicaba la Real Cédula de 1636. A esto se  sumaba el mantenimiento de la tradición constructiva 

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